viernes, 12 de septiembre de 2014

La Habitación


Mi cuerpo reposaba sobre uno de los estantes de la biblioteca. Escuchaba el tic – tac del reloj, sentía que el tiempo no avanzaba. Mis ventanales de la visión parpadearon y empecé a sacar libros por doquier. Cuando estaba realizando esta actividad, mi atención fue llamada por un libro grande, sin lomo y oscuro tal vez por la suciedad. Era quizás el más antiguo en toda la biblioteca. Lo tomé y el polvo llegó a mis ojos, los cerré y los volví a abrir, escuché abrirse una puerta. Miré hacia un lado y no había nada extraño, luego giré al otro extremo y tampoco observé algún cambio.
Cuando miré atrás vi una puertecilla radiante y de oro. Pasé por ella y había una escalera que pensé que se dirigía a un cuarto o a un sótano. La curiosidad me mataba y comencé a bajar escalón por escalón. Más tarde miré hacia arriba y ya la portezuela no estaba habría bajado como unos ciento setenta  escalones y el frío sacudía mis hombros.
Hasta que llegué debajo, de ahí se descolgaba un bosque húmedo y tropical. Mis oídos escucharon pasos y emprendí una carrera por un jardín de rosas color caoba. No me había dado cuenta que una espina rasgó mi camiseta hasta que reposé en un árbol frondoso que sacó sus brazos lentamente y me arropó.
Luego seguí caminando hasta estrellarme con un desierto donde el sol alcanzaba su punto más alto. Caí tendido sobre la arena ardiente que golpeaba mi espalda como dragón escupiendo fuego. Escuchaba los pasos más cerca.
Parpadeé y vi a un hombre que me acompañó hasta llegar la noche fría. Era un licántropo que me intentó atacar. Pero, salí corriendo muy rápido, tropecé y cuando abrí los ojos estaba en una habitación oscura que contenía tres puertas, una de oro, otra de hierro y la restante de madera. Me dejé llevar de la ambición y abrí la de oro. Ya que esperaba allí encontrar riquezas, pero ¡Qué Sorpresa! Solo había un sillón viejo me senté y me fui por un agujero que al parecer no tenía fin.

 Caía veloz y el viento  golpeaba mis ojos tanto que los cerré y cuando los abrí. Me encontraba en la biblioteca con el libro en la mano  y la camiseta rasgada. El libro “Umbral a la Imaginación” decía que en la casa había una habitación secreta, que la puerta era el libro y la llave era la imaginación. También decía que toda persona que descubriera esto, debía escribir su primera aventura. Lo realicé y volví a entrar, a entrar y a entrar.

Autor: Carlos José Pernett Ramírez

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1 comentario:

  1. Compartí mi obra bajo esta licencia ya que quiero que los demás, a la vez que puedan copiar o distribuir mi contenido, también reconozcan mi trabajo sin poder modificarlo para uso comercial, ya que considero que como parte de una actividad académica los demás como yo, no puedan ganar dinero a partir de mi creación.

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