sábado, 13 de septiembre de 2014

La sensatez del silencio

Cerca de china vivía un anciano que se dedicaba a enseñar budismo a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda que era capaz de vencer a cualquier contrincante. Cierto día un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos paso por la casa  del viejo. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación  esperaba que el contrincante hiciera su primer movimiento y, gracias a su inteligencia privilegiada para captar los errores, contraatacaba con velocidad fulminante. El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una batalla. Conociendo la reputación del viejo, estaba allí para derrotarlo y aumentar aún más su fama.


Los estudiantes que se encontraban presentes se manifestaron contra la idea, pero el anciano acepto el desafío.  Entonces fueron todos a la plaza  de la ciudad, donde el joven empezó a provocar al viejo. Arrojó algunas piedras en su dirección, lo escupió en la cara  y le gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus ancestros. Durante varias horas hizo todo lo posible para sacarlo de casillas, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, ya exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró de la plaza.
Decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:
-¿cómo  ha podido soportar tanta indignidad? ¿Por qué no uso su espada, aun sabiendo que podría perder la lucha, en vez de mostrarse como un cobarde ante todos nosotros?
-el viejo respondió ¡si alguien se acerca a ti con un regalo y no lo aceptas, ¿a quién le pertenece el regalo?
-por supuesto, a quien intentó entregarlo – respondió uno de los estudiantes

-pues lo mismo vale para la envidia, rabia y los insultos añadió el maestro. Cuando no son aceptados,  continúan permaneciendo a quien los cargaba consigo.
“nadie nos agrede o nos hace sentir mal: somos los que decidimos como sentirnos. No culpemos a nadie por nuestros sentimientos. Somos los únicos  responsables de ellos. Eso es lo que se llama asertividad”

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