La sensatez del silencio
Los estudiantes que se encontraban presentes se
manifestaron contra la idea, pero el anciano acepto el desafío. Entonces fueron todos a la plaza de la ciudad, donde el joven empezó a
provocar al viejo. Arrojó algunas piedras en su dirección, lo escupió en la
cara y le gritó todos los insultos
conocidos, ofendiendo incluso a sus ancestros. Durante varias horas hizo todo
lo posible para sacarlo de casillas, pero el viejo permaneció impasible. Al
final de la tarde, ya exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró de la
plaza.
Decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara
tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:
-¿cómo ha
podido soportar tanta indignidad? ¿Por qué no uso su espada, aun sabiendo que
podría perder la lucha, en vez de mostrarse como un cobarde ante todos
nosotros?
-el viejo respondió ¡si alguien se acerca a ti con un
regalo y no lo aceptas, ¿a quién le pertenece el regalo?
-por supuesto, a quien intentó entregarlo – respondió
uno de los estudiantes
-pues lo mismo vale para la envidia, rabia y los
insultos añadió el maestro. Cuando no son aceptados, continúan permaneciendo a quien los cargaba
consigo.
“nadie nos agrede o nos hace sentir mal: somos
los que decidimos como sentirnos. No culpemos a nadie por nuestros
sentimientos. Somos los únicos
responsables de ellos. Eso es lo que se llama asertividad”


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