TÚ
LEGADO
“Ok pues.
Hace unos minutos
estaba tumbado en mi cama, y estuve pensando en cómo mi cerebro controla mis
emociones, sensaciones y percepciones.
Sin duda algún, el cerebro es la maquina más grandiosa que
pueda existir. Es muy sorprendente entender como familiariza lo que percibimos,
por ejemplo, cuando escuchamos el sonido del cantar de un gallo, en cuestiones
de segundos imaginamos un gallo y sabemos que ese sonido proviene del animal
llamado gallo y no de un elefante. Creo que desde que abrí por primera vez los
ojos sentí la curiosidad de entender las cosas. De hecho recuerdo que de
pequeño me gustaba desarmar las cosas para ver cómo funcionaban.
Recuerdo una vez que
mama jugaba conmigo, con una colección de carros que ella había comprado para mí.
Y recuerdo que
aproximadamente cinco minutos después de haber estrenado el primer carrito lo
estrelle contra la pared. Mama se enojó, recuerdo que me pregunto por qué lo
había dañado. Yo respondí asustado: “para ver por qué suena así”. Creo que al
pasar un minuto, recogió todos los carros y me entrego un balín y dijo: “cuando
descubras que tiene por dentro te entrego los juguetes”. Aunque l pasar unos
días le rogue a mama que me dejara jugar con los carritos, pero puso una
condición y dijo:
“como los dañes no te
compro más nada”. Me acostumbre a no tener juguetes. Creo que es el motivo por
el cual hoy día me gusta leer y escribir.”
13
de mayo de 2014
Cuantos días, cuantos
años han pasado desde que me dejaste. Ahora comprendo y entiendo porque
acostumbrabas a cargar siempre una mochila, una libreta y un bolígrafo…escritor.
Jamás lo hubiese imaginado.
Aunque ciertamente, te
apoyo, en que el cerebro es la “maquina” más grandiosa, por si decirlo, eso es
belleza: no hay en el cuerpo humano algo tan completo y perfecto.
Cuando tu hermana
Yerashade me contó por whatsapp un mensaje diciendo que habían encontrado una de tus libretas, sentí
que debía leerlas, sentí la necesidad de saber de ti. Así que no pude contener
las ganas. Fui al aeropuerto, compre un tiquete, y me embarque rumbo al pueblo
donde vivías. Durante el viaje pareció que perdí la noción de tiempo , ya que sentí que lo segundos fuesen siglos, que los minutos
fuesen milenios, ya podrás imaginar cuanto fueron para mí esas 14 horas de
vuelo, ¡jamás… jamás¡ sentí, vi las manecillas de un reloj moverse tan lento.
Tan pronto sentí que
el avión aterrizaba, me asome por la ventanilla y pude divisar esa hermosa ciénaga,
rodeada de árboles y poblada por pequeños islotes, ese lugar del cual tanto me habías
contado tantas anécdotas, sin lugar a dudas tu lugar favorito, o eso me habías
contado.
Mientras bajaba las
escalerillas del avión logre leer en una enorme valla publicitaria el nombre de
este pueblo que a ti tanto te
gustaba. Pero lo que más me llamo la atención fue un eslogan que decía “Bienvenido
a Chimichagua, tierra de la piragua” o al menos eso logro recordar.
Cuando baje las
escalerillas, pude notar que no traía equipaje, tenía tantas ganas de leer esa libreta que se me había olvidado alistar
equipaje alguno. Solo traía conmigo la billetera (con una tarjeta de crédito y
mis documentos), un reloj, la lleve de mi casa y la ropa que traía puesta, y
muchas ganas de estar contigo…aunque solo sean letras.
Cuando llegue a tu casa, tu hermana y tu madre,
al parecer eran las únicas que se encontraban en casa, me recibieron muy bien
como alguien de la familia.
Sin tantos preámbulos pedí
a tu madre que me mostrase la libreta. Sin lugar a dudas esa era tu caligrafía,
al parecer, nunca la cambiaste. Leí, observe cada detalle: la forma de las
letras, las tildes, los signos de puntuación, el color de la hoja de papel…todo,
todo. En ocasiones creí escuchar tu voz, sentí que estabas ahí. ¡Maldita
muerte, maldita¡ Leí tantas beses las páginas de aquella libreta que aprendí de
memoria casi todo.
Quiero que sepas me
quede a conocer tu pueblo y, en verdad, es encantadora, sobre todo las llamada “playas
de amor de Chimichagua”.
Ya hace 12 días que
estoy aquí, y hoy que ya me voy vine a
dejarte esta carta, que he escrito para ti. La dejo aquí al pie del abedul que
pediste que sembraran al lado de tu tumba, luego de que murieras.
Te extraño mi querido
amigo.
08/09/2045
Autor: Isaías Quintero
este documento es publicado bajo las licencias CC: atribicion, compartir igual, no comercial
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