sábado, 13 de septiembre de 2014

TÚ LEGADO
“Ok pues.
Hace unos minutos estaba tumbado en mi cama, y estuve pensando en cómo mi cerebro controla mis emociones, sensaciones y percepciones.
Sin duda algún,  el cerebro es la maquina más grandiosa que pueda existir. Es muy sorprendente entender como familiariza lo que percibimos, por ejemplo, cuando escuchamos el sonido del cantar de un gallo, en cuestiones de segundos imaginamos un gallo y sabemos que ese sonido proviene del animal llamado gallo y no de un elefante. Creo que desde que abrí por primera vez los ojos sentí la curiosidad de entender las cosas. De hecho recuerdo que de pequeño me gustaba desarmar las cosas para ver cómo funcionaban.
Recuerdo una vez que mama jugaba conmigo, con una colección de carros que ella había comprado para mí.
Y recuerdo que aproximadamente cinco minutos después de haber estrenado el primer carrito lo estrelle contra la pared. Mama se enojó, recuerdo que me pregunto por qué lo había dañado. Yo respondí asustado: “para ver por qué suena así”. Creo que al pasar un minuto, recogió todos los carros y me entrego un balín y dijo: “cuando descubras que tiene por dentro te entrego los juguetes”. Aunque l pasar unos días le rogue a mama que me dejara jugar con los carritos, pero puso una condición y dijo:
“como los dañes no te compro más nada”. Me acostumbre a no tener juguetes. Creo que es el motivo por el cual hoy día me gusta leer y escribir.”
                                                                          13 de mayo de 2014

Cuantos días, cuantos años han pasado desde que me dejaste. Ahora comprendo y entiendo porque acostumbrabas a cargar siempre una mochila, una libreta y un bolígrafo…escritor. Jamás lo hubiese imaginado.
Aunque ciertamente, te apoyo, en que el cerebro es la “maquina” más grandiosa, por si decirlo, eso es belleza: no hay en el cuerpo humano algo tan completo y perfecto.
Cuando tu hermana Yerashade me contó por whatsapp un mensaje diciendo  que habían encontrado una de tus libretas, sentí que debía leerlas, sentí la necesidad de saber de ti. Así que no pude contener las ganas. Fui al aeropuerto, compre un tiquete, y me embarque rumbo al pueblo donde vivías. Durante el viaje pareció que perdí  la noción de tiempo       , ya que sentí que lo segundos fuesen siglos, que los minutos fuesen milenios, ya podrás imaginar cuanto fueron para mí esas 14 horas de vuelo, ¡jamás… jamás¡ sentí, vi las manecillas de un reloj moverse tan lento.
Tan pronto sentí que el avión aterrizaba, me asome por la ventanilla y pude divisar esa hermosa ciénaga, rodeada de árboles y poblada por pequeños islotes, ese lugar del cual tanto me habías contado tantas anécdotas, sin lugar a dudas tu lugar favorito, o eso me habías contado.
Mientras bajaba las escalerillas del avión logre leer en una enorme valla publicitaria el nombre de este pueblo que        a ti tanto te gustaba. Pero lo que más me llamo la atención fue un eslogan que decía “Bienvenido a Chimichagua, tierra de la piragua” o al menos eso logro recordar.
Cuando baje las escalerillas, pude notar que no traía equipaje, tenía tantas ganas de leer  esa libreta que se me había olvidado alistar equipaje alguno. Solo traía conmigo la billetera (con una tarjeta de crédito y mis documentos), un reloj, la lleve de mi casa y la ropa que traía puesta, y muchas ganas de estar contigo…aunque solo sean letras.
Cuando      llegue a tu casa, tu hermana y tu madre, al parecer eran las únicas que se encontraban en casa, me recibieron muy bien como alguien de la familia.      
Sin tantos preámbulos pedí a tu madre que me mostrase la libreta. Sin lugar a dudas esa era tu caligrafía, al parecer, nunca la cambiaste. Leí, observe cada detalle: la forma de las letras, las tildes, los signos de puntuación, el color de la hoja de papel…todo, todo. En ocasiones creí escuchar tu voz, sentí que estabas ahí. ¡Maldita muerte, maldita¡ Leí tantas beses las páginas de aquella libreta que aprendí de memoria casi todo.
Quiero que sepas me quede a conocer tu pueblo y, en verdad, es encantadora, sobre todo las llamada “playas de amor de Chimichagua”. 
Ya hace 12 días que estoy aquí, y  hoy que ya me voy vine a dejarte esta carta, que he escrito para ti. La dejo aquí al pie del abedul que pediste que sembraran al lado de tu tumba, luego de que murieras.
Te extraño mi querido amigo.

                                                                            08/09/2045
Autor: Isaías Quintero
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