sábado, 13 de septiembre de 2014

Todos los futbolistas van al cielo y allá te esperaré.


  Perseguía a una mujer por una calle oscura. Aunque no podía verla de frente, su cabellera iluminaba mi sendero, y su cuerpo se movía al ritmo de los tambores africanos. Me gustaba muchísimo.
  Mi  suerte había cambiado. Cuando ganamos el campeonato mi padre se murió por la emoción,  pero sé que orgulloso y mi madre más tarde. Solo me quedaba mi entrenador  Pablo, que me había apoyado hasta ser un gran y famoso jugador y después supe poco de él. Respecto a la mujer decidí adelantarme y dar la vuelta.
   Al principio no la había reconocido ni ella a mí, pero luego supe que era ella  Sulay no lo podía creer era yo  David   al frente de ella otra vez. Fue un dia especial para mí. Fuimos al cine. Pero el dia siguiente fue mejor aun observemos las olas del mar y caminamos por la playa. Fuimos al parque donde estábamos sentados y nuestras manos poco a poco se acercaron hasta enlazarse, sentía mariposas en el estomago pero la emoción subió cuando nuestros labios se unieron lentamente, quería que este momento no se acabara nunca pero nadie puede con Dios y el mundo.
  En ese mismo instante recibí una llamada de Andrés y me dijo: “todos los futbolistas van al cielo y allá te esperare” y nada más.
¿Qué sucederá con  ella? díganmelo ustedes.

Autor: Fabian Palomino Gutierrez.

Licencia CC: BY NC

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