Perseguía a una mujer por una calle oscura. Aunque
no podía verla de frente, su cabellera iluminaba mi sendero, y su cuerpo se
movía al ritmo de los tambores africanos. Me gustaba muchísimo.
Mi suerte
había cambiado. Cuando ganamos el campeonato mi padre se murió por la
emoción, pero sé que orgulloso y mi
madre más tarde. Solo me quedaba mi entrenador
Pablo, que me había apoyado hasta ser un gran y famoso jugador y después
supe poco de él. Respecto a la mujer decidí adelantarme y dar la vuelta.
Al
principio no la había reconocido ni ella a mí, pero luego supe que era
ella Sulay no lo podía creer era
yo David
al frente de ella otra vez. Fue
un dia especial para mí. Fuimos al cine. Pero el dia siguiente fue mejor aun
observemos las olas del mar y caminamos por la playa. Fuimos al parque donde
estábamos sentados y nuestras manos poco a poco se acercaron hasta enlazarse,
sentía mariposas en el estomago pero la emoción subió cuando nuestros labios se
unieron lentamente, quería que este momento no se acabara nunca pero nadie
puede con Dios y el mundo.
En ese mismo instante recibí una llamada de Andrés
y me dijo: “todos los futbolistas van al cielo y allá te esperare” y nada más.
¿Qué
sucederá con ella? díganmelo ustedes.
Autor:
Fabian Palomino Gutierrez.
Licencia
CC: BY NC
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