Todo comenzó un día con un grupo de científicos, arqueólogos y aventurero fuimos a la selva amazónica a estudiar sus poblaciones, su cultura, su fauna y su flora. Todo el día transcurrió normalmente hasta que llego la noche y decidimos armar un campamento, durante la media noche cuando todos estábamos dormido, un jaguar entro en el campamento haciéndonos huir por nuestras vidas, yo corrí como nunca, pero sin darme cuenta caí en un precipicio, de bajo de el había un caudaloso rió que me arrastro con su corriente, yo intentaba llegar a la orilla para salir pero algo me golpeó en la cabeza, desde ese momento perdí el conocimiento, hasta que desperté varias horas después en la orilla rió abajo, la suave brisa pegaba sobre mi rostro, igual que en mi infancia cuando visitamos a mi abuelo en su casa un pequeño pueblo cerca el mar donde se respiraba pureza y todavía el aire es puro."Lo que más me gustaba de visitar a mi abuelo era cuando me contaba sus aventuras por todo el país, una de mi favorita era cuando fue a la selva en busca del gran rostro de la tierra, según los pobladores de la región este rostro esta tallado en una enorme roca, pero no era una gran piedra inanimada sin vida, si todo lo contrario era el centro de la vida y que solo los puros de corazón, se encuentran con ella y poder hablar con la tierra misma, le interrumpí y le dije.-Pero la tierra no habla.El me contesto.-¡Que la tierra no habla! si aparte de hablar canta con el silbido de las aves, grita con los truenos, ruge con las centellas, la tierra si habla lo que pasa es que nos hacemos los sordos.Mi abuelo hiso una larga pausa y le pregunte.-Encontró el rostro de la tierra.Me dijo.-¡No! los años no me dejaron seguir y me toco renunciar a la búsqueda. "Bueno después de despertar me puse de pie y camine para tratar de saber dónde estaba, anduve hasta que me introduje muy dentro de la selva a lo lejos vi una gran roca que sobresalía de la espesa jungla me acerque a ella para intentar subir pero cuando estaba escalando una gran voz dijo-¡porque me perturbas o es que ya los humanos no me han echo sufrir lo suficiente!Yo me quede atónito a lo que avía escuchado, me temblaban las piernas de la impresión y de mi boca solo pudo salir una simple pregunta -¿Quién eres?Ella me contesto-soy el gran rostro de la tierra, la cabeza del gran cuerpo al que todos llaman “la madre tierra”.En eso de sus grande ojos de piedra comenzaron a brotar lagrimas yo dije -¿Por qué lloras?-¡por que lloro! Me contesto en forma irónica- si las personas no hacen más que lastimar mis entrañas con guerras sin sentido solo por la ambición de unos que me hacen sufrir a muchos como en el fondo del océano pacifico que reposan los restos de aviones barcos buques y submarinos que fueron utilizado para atroces fines, todo mi cuerpo esta bañado en sangre, si por cada bala disparada en la primera y en la segunda guerra mundial se hubiera sembrado una flor hubiera millones de hectárea de rosa, margaritas, violetas y alelí en el mundo, envés de eso sembraron cientos de cadáveres que erosiona mi suelo y mi subsuelo, aparte de eso contaminan mis ríos y quebradas y rompen mi piel con minas para sustraer piedras y minerales sabiendo que los ríos son la fuente primordial para su subsistir- ¡no sé porque mis hijos no comprenden y se destruyen entre sí!En eso agache mi cabeza y me sentí avergonzado de pertenecer a la raza humana, porque estamos destruyendo a la tierra cuando su único pecado era dar a sus hijos todas la condiciones para vivir.Derrotado por la pena y la vergüenza me aleje de su presencia, comencé a caminar, camine y camine hasta que sin darme cuenta encontré con el campamento y con mis compañeros que me estaban buscando les conté lo que pasado, se burlaron de mí y no me creyeron, no había vuelto a contarle a nadie lo que me había pasado hasta hoy.
Fin.
ANDRÉS FELIPE RIVERA GUERRA
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